Somos iguales

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lunes, 28 de julio de 2014

Susana Saulquin

La socióloga Susana Saulquin analiza los significados de la moda en la actualidad

“El nuevo lujo es tener una prenda éticamente buena”

Las nuevas tendencias del diseño van hacia una producción que supere la masividad que implica explotación, consumismo y depredación del planeta. Así lo ve Susana Saulquin, una socióloga que dedicó al vestir el objeto de su estudio. Aquí explica por qué la sociedad ya no es disciplinaria en ese terreno: aunque siga siendo controladora, es más compleja, dice. El luto de la Presidenta, la vestimenta de Evo Morales. El vestir y la identidad.

Por Sonia Santoro
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“La moda no es tolerancia, la moda es autoritarismo”, dice Susana Saulquin, socióloga de pensamiento original que desde hace varias décadas reflexiona sobre el vestir y las tendencias de la moda. En su nuevo libro, Política de las apariencias. Nueva significación del vestir en el contexto contemporáneo (Paidós, Entornos 23), asegura que el diseño del futuro estará basado en “series cortas, el comercio justo y, sobre todo, lo más importante, en trabajar en cooperativas”. “Solamente el diseño independiente en pequeñas series puede llegar a ser sustentable”, y en este siglo, donde la ética será un valor fundamental, desarrollar indumentaria sustentable primará. Queda atrás la masividad porque “lo seriado va unido a la explotación, al consumismo y es depredador del planeta”. En esta entrevista, Saulquin aborda estas y otras cuestiones, desde el uso político del vestir, el tan comentado luto de la Presidenta (“la vestimenta es una herramienta política”) hasta la relación de las mujeres con su imagen, su cuerpo y la moda: “Vos cuando tenés kilos de más sos vos misma, mientras que si sos hiperflaca son todos cuerpos, esqueletos, iguales, hasta se parecen las mujeres. Los kilos en alguna forma te dan identidad”, afirma.
–¿Cómo y cuándo se despertó tu interés por la moda?–A mi madre le gustaba muchísimo vestirse, iba a los desfiles. No se compraba mucho, pero le gustaba estar siempre bien vestida, entonces, desde chica siempre le di mucha importancia a eso. Era una época donde la elegancia tenía un peso muy importante y también lo aspiracional a vestirse y estar elegante como tu madre. Nada que ver con los ’60, que es cuando se hace la ruptura, y precisamente la elegancia y la distinción era algo totalmente fuera de contexto. Se buscaba la funcionalidad y el estar juvenil. Tener una actitud juvenil, cuando la década anterior era al revés: tener una actitud elegante. Luego el buen gusto y la elegancia salen completamente de contexto. Incluso Pierre Bourdieu escribe La distinción en el año ’61 y comienza en los ’60 una etapa totalmente diferente. Yo empiezo la facultad en esa época.
–¿Y cómo se vivía eso?–Yo estudiaba Sociología en la UBA, en Filosofía y Letras. En una clase de Ciencias Políticas un compañero mío me dijo que yo no podía opinar porque estaba muy bien vestida. Yo dije, guau, qué importante debe ser esto si es que yo no puedo tener una opinión por estar supuestamente bien vestida. Yo no estaba vestida con los parámetros de los alumnos de sociología, que estaban vestidos de acuerdo al existencialismo, que había ocurrido 20 años atrás. Todos se vestían de negro. Había una actriz que se llamaba Julie-tte Gréco, que se vestía también de negro y todos adoptaban ese estilo: cuellos altos, suéter negro, faldas angostas y largas, pelo negro. Nada que ver conmigo que era rubia... no daba con el physique du role de las sociólogas de la época.
–¿Cómo llegó de la sociología a la moda?–Me tuve que hacer sola porque yo estudié sociología, pero siempre me interesaba la teoría de los grupos y cómo los grupos manejaban sus relaciones de poder. En una época en que se hablaba de los movimientos de liberación, por supuesto. Esto fue anterior a la Revolución Cultural de Mao. Entonces un profesor, Manolo Mora y Araujo, me dijo que mis hipótesis no correspondían a una socióloga. Yo ya hacía mis hipótesis y hablaba de la imagen y la apariencia. Siempre me interesó ver cómo se vestía la gente para determinadas cosas. Siempre fui una outsider, una pensadora independiente.
–En esos ámbitos pensar en la moda era un escándalo...–Pero por favor, estaba totalmente depreciado, era la frivolidad. El prejuicio es tan grande. Siendo profesora de Sociología nunca pude hacer mi carrera en las Ciencias Sociales. Tuve que hacer mi carrera en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo porque eran más amigables con mi posición. Ahí armé la carrera de Diseño e Indumentaria. Después fui subdirectora y directora. Y recién ahora, hará siete años, tengo una cantidad de sociólogas que se han acercado a mi cátedra. Entonces no había dónde estudiar lo que yo quería. Mi primer libro, Historia de la moda en la Argentina, lo trabajé todo yendo a museos y al Archivo de la Nación. No había nada escrito. Hice muchísimas entrevistas. Lo terminé en 1987, antes de que se armara la carrera.
–¿Le gustaban las revistas de moda?–No demasiado. Sí me gustaba ver lo que la gente se ponía. Después en mi mesa de luz encontraba más revistas de tecnología que de moda. No le daba importancia a eso, sí a lo que la gente se vestía en la calle, en los eventos. No hay que olvidar que en la época de la dictadura ser sociólogo era sospechoso. Yo abrí en esta casa lo que en esa época se llamaba una boutique, empecé a vender ropa, la hacía y la vendía porque yo había hecho un curso que en esa época no se llamaba diseño, no me gusta la palabra corte y confección... era hacer ropa. Entonces hasta el año ’82 tuve este negocio y hacía los desfiles. Vendía muchísimo.
–¿Qué pasó?–Me divorcié y cerré todo. Me dediqué a escribir. Mi primera nota salió en el ’83 en la revista Para ti y ya después no paré más de escribir.
–También dirigió revistas.–Vogue y Glamour, pero solamente dos años, en la época de la crisis, y no me gustó porque venía todo enlatado. Fue en el 2000 y 2001.
–¿Cómo ha cambiado la relación de las mujeres con la moda en los últimos años?–La moda y los modos de vestir siempre son reflejo del acontecer social. En los años ’30 era la época conservadora, con la juventud cambió el signo del vestir y fueron las minifaldas. Después del año 2000, sea por la crisis terrible nuestra, sea por la caída de las Torres, crisis nacional e internacional, empieza una nueva etapa. Una nueva ideología que sirve de base al nuevo siglo. Esta nueva ideología se basa en los recursos humanos, en los recursos del planeta. Nada que ver con el consumismo del siglo XX, que fue un siglo donde la estética, la moda, el consumo, lo seriado eran importantes. Con las crisis y una nueva ideología basada en la sustentabilidad, con una nueva matriz de desarrollo diferente, más atravesado por la funcionalidad, es otra forma del vestir. Entonces, aparece un nuevo discurso del vestir. Ya no importaba tanto la ropa, la famosa moda, sino la actitud juvenil que ya venía de los ’60, pero sobre todo la perfección estética, el cuerpo empezó a tallar mucho más que el vestido. Entonces hay como una alternancia.
–¿Eso sería en los años ’90?–Sí. Que al mismo tiempo es cuando se produce una hiperrealización de la moda y el consumo. Pero cuando algo se exagera tanto, marca la contratendencia. Y la contratendencia, sumada a la crisis económica, pero también la crisis de sentido, hace que la relación de las mujeres con el vestir cambie. Empieza la importancia de la funcionalidad y de la libertad. De la tolerancia en cuanto al vestir. La moda no es tolerancia, la moda es autoritarismo. Entonces la mujer quiere ser libre para vestirse como quiera. Eso sumado a la llegada de las redes sociales que dinamitaron todo el campo del discurso social.
–En su último libro, Política de las apariencias, habla mucho de la ética.–Porque yo creo que el siglo XXI es el siglo que, como dice Francesco Morache, sin dejar de lado la estética, es el siglo de la ética. Y Michel Maffesoli habla siempre de la importancia de tener una ética personal. Ya ahora no te baja la sociedad lo que debés hacer, no es una sociedad disciplinaria. ¿Es controladora? Sí, pero es una sociedad compleja.
–Dice que estas prendas “éticas” son incompatibles con la producción de masas. ¿Hay un nuevo paradigma, pero en el que no entran todos?–Hay un nuevo paradigma. Lo que es masivo es económicamente accesible, pero está relacionado con el consumismo y como dice (Jean) Baudrillard, cada etapa histórica hace lo que tiene que hacer para su supervivencia y la sociedad también. Nuestra supervivencia actual no puede estar enganchada con el consumo de masas. Es decir, ¿es un nuevo consumo elitista? Sí. Pero va a tener otras formas que pueden ser trueques, vintage, donde lo accesible económicamente llegue a mucha a gente que se engancha con los principios de la sustentabilidad. Entonces lo masivo no va, porque implica lo seriado, y lo seriado es depredador del planeta. Es todo un sistema que con coherencia modifica. ¿Y qué hace la gente de menores recursos? Por supuesto que hay que cambiar, y sobre todo el sistema... todo el capitalismo como sistema estaba armado para el siglo XX y ahora tiene que rever las bases sobre las cuales estaba sustentado.
–Como la explotación en los talleres clandestinos...–Por eso estoy diciendo que un nuevo siglo donde la ética tiene un valor importantísimo no coincide con lo masivo y lo seriado. Sabemos lo que pasa con la explotación de las personas con lo masivo y lo seriado. De hecho, lo vimos en Bangladesh...
–Acá también.–Sí. Esto seriado entonces va unido a la explotación en los talleres clandestinos.
–¿Hay forma de producir ropa accesible que no venga de la explotación?–Es muy difícil porque es cara. Esa es la gran trampa que tiene el diseño. ¿Qué se puede hacer? Solamente el diseño independiente en pequeñas series puede llegar a ser sustentable y tener talleres. Esto va con una prenda que tenga el privilegio de llamarse “limpia”, porque esté perfecta y deba ser más duradera. Es otro concepto totalmente. No es que queda gente fuera del sistema. No. Ya no es comprar y tirar, comprar y tirar, sino tener una buena prenda y poder hacerla. Vuelve también el hacerse las prendas uno. Eso es nuevo, nuevo. Otra vez, los moldes, el hacerse las prendas. Increíble. ¿Por qué vuelve? Porque está todo relacionado. Entonces, lo seriado va unido a la explotación, al consumismo y es depredador del planeta. ¿Cómo puedo hacer? Series cortas, el comercio justo y, sobre todo, lo más importante, trabajar en cooperativas. Eso creo que es la llave del diseño del futuro.
–Usted habla de un nuevo concepto de lujo.–Claro, está ligado a esto. El lujo no es una piel, un brillante, ya no va más. Porque también los brillantes se extraen por sistemas esclavistas, explotadores. Y qué decir del mercurio, que es un veneno... El nuevo lujo es la limpieza en cuanto a los sistemas de producción. Tener una prenda éticamente buena. Parece disparatado, pero va a avanzar el siglo y vamos a tener que irnos adaptando a este nuevo discurso. Y después el nuevo lujo es una puesta de sol, el tener agua cristalina y pura. Y sobre todo las cooperativas. El diseño en cooperativas es una manera muy interesante de proteger a los trabajadores y a los clientes y de hacer un consumo consciente. Es un nuevo paradigma. Hay que ver cómo se resisten los grupos económicos dominantes, que trabajan precisamente a partir de este esquema.
–También dice que el principal derroche se produce en el uso de las prendas, al lavar y al planchar.–Sí. Por eso, lo último ahora son unas pelotitas que se frotan para no usar agua en el lavado y no usar jabones, todo lo que no es sustentable. O sea, minimizar el uso del agua y el jabón. Esto es lo último, pero va a tardar mucho. El agua es un lujo, es el nuevo lujo. Por eso, por ejemplo los Emiratos Arabes tienen en la línea que va a Dubai un agua que parece que es la más pura del planeta, que está en los Andes. Ese es el nuevo lujo, tener esa agua. Pero ya no lo signos tradicionales del lujo como la piel. Las nuevas generaciones no van a planchar. Uno enchufa la plancha y sabe la energía que gasta. Tenemos que empezar a ahorrar.

El vestir y la identidad


–¿Cuál es la relación de la ropa, o la imagen, con la construcción de la identidad de las personas?–La ropa o las apariencias siempre estuvieron muy relacionadas con la formación de la identidad. Para mí la identidad se forma a partir de lo que vos sos, quién sos, por eso en la medida en que te conocés más la identidad es más fuerte; cómo los demás te ven, y qué aspiras a ser. Cuando esas tres patas de tu identidad coinciden, la identidad es muy fuerte y generalmente produce la copia de la gente. Te convertís en un líder visual y la gente te copia. Pero es un proceso de construcción que dura toda la vida. Es un problema complicado en el momento actual, porque todo está configurado por los otros. Antiguamente había un ser, las personas eran; luego fue la importancia del tener, había que tener. Walter Benjamin dice que en el siglo XIX empezó la importancia de los objetos, porque tenían que dinamizar el consumo. Y aparecieron los estuches. Había anteojos, pero aparecieron los estuches para anteojos. Aparecieron las vitrinas. Empezó una multiplicación de objetos, donde el ser empezó a no ser importante y el objeto empezó a ocupar un lugar importante. A partir también de ese tener, empezó en la mitad del siglo XX la importancia del parecer, la cultura visual. Había que ser joven o parecerlo; había que tener plata o parecer que tenías. Las apariencias eran totalmente engañosas. Apariencias viene de aparentar, pero yo lo tomo en el sentido de cómo te mostrás al otro. También con tus apariencias vos podés mostrar autenticidad. Entonces, ahora que pasamos del tener y parecer, podemos lentamente ir afirmando nuestro ser para tener nuestra identidad.
–¿Cuáles son las motivaciones de la gente para vestirse a la moda o elegir una manera de vestirse?–Las motivaciones son varias. En primer lugar es muy fuerte el mirar y el ser mirado. Hay una compulsión a mirar al otro para la comparación. Y el ser mirado: te gusta que te miren y te gusta mirar. Es un mecanismo psicológico que juega mucho en la elección del vestir y la moda. También hay otras. La competencia: generalmente querés competir al otro, a tu igual. Es una necesidad de competir por belleza, por cuerpo, con el igual. No con el superior. Ya no es la sociedad aristocrática. También lograr diferenciación. Porque la moda es un mecanismo de integración y diferenciación. Vos querés al vestirte estar como todos para no desentonar, pero al mismo tiempo y de manera contradictoria, tener algo diferente que te distinga. Por eso, cuando la gente es turista se pone cualquier cosa, no le importa porque no es conocido.
–Se libera...–Claro, se libera de la pertenencia al grupo. Otra cosa importantísima es que hay una fuerte carga erótica en la elección del vestido, la seducción.
–¿Qué pasa con las modelos hiperdelgadas? En el libro plantea que ese patrón está en retirada.–Fue el momento culminante, y ahora tiene que aparecer la contratendencia. Forma parte de la cultura de masas. La cultura de masas que tiene su puntapié inicial en los años ’60 tenía estrategias, una es la homogeneización, estandarizar. Todo esto llevado al cuerpo, se homogeneizan las formas. No solamente las formas del vestir, jeans para todos, sino también los cuerpos se homogeneizaron. Porque un cuerpo con unos kilos de más, más allá de que parece mayor, implica diferenciación. Vos cuando tenés kilos de más sos vos misma, mientras que si sos hiperflaca son todos cuerpos, esqueletos, iguales, hasta se parecen las mujeres. Los kilos en alguna forma te dan identidad. Estamos lentamente saliendo de la cultura de masas y entrando a un respeto por el biotipo de cada uno. Se llegó a un extremo con la bulimia y la anorexia que nos marcaba que ya moría esa tendencia.
–Pero lleva tiempo.–No menos de una generación, pero ya se desactualiza, ya no tiene sentido.
–¿Y cómo influyó en el vestir el avance de los derechos conseguidos por las personas trans y del colectivo LGBT?–Esto es muy reciente. Pero todavía los gays o los trans se manejan con la matriz heterosexual al vestir. ¿Qué buscan? Ser una mujer más mujer, por eso enfatizan los caracteres, lo sexual de la mujer: el animal print, el ajuste. Cuando lo ideal sería no manejarse con la matriz heterosexual. Es muy reciente.

Ropa y política


–Estudió el luto de la Presidenta. ¿Qué encontró?–Empecé a estudiar por qué Cristina en una época en que el luto es algo totalmente perimido, porque la muerte no se celebra, lo usó. Me pregunté por qué, qué buscaba con su luto. Por supuesto, herramienta política. Eso lo dije con Evo Morales y con Eva Perón. La vestimenta es una herramienta política, la usaron en distintas épocas de la historia. Me pareció que como Néstor y Cristina habían sido la pareja política por antonomasia, al tener su luto y no sacarlo, no era el llanto por Néstor, sino la restauración de la pareja política.
–Como seguir teniéndolo a su lado.–Sí. El recordatorio de una pareja política. Es el recordatorio para los demás y para ella misma. Lo tiene tres años hasta que ella está lo suficientemente fuerte para decir: puedo estar sin el andador de la pareja política. Al mismo tiempo, casi diría, dejó de hablar de Néstor. Ahora es ella, a Néstor no lo nombra tanto. No lo necesita nombrar tanto para estar fuerte. Porque ella lo necesitó. Fue terrible lo que le pasó. De golpe quedarse sin su compañero de toda la vida, bastante bien lo sobrellevó en tres años, con el luto. Le dio visibilidad a la pareja política. Fue muy inteligente esa decisión.
–¿Y cómo fue el caso de Evo?–Un orgullo que en un país como Bolivia, dividida a la mitad, Evo asume el poder. Yo tomé el traje que él se puso para la asunción de su mando. Primero hace su ceremonia con el traje de los aymara tradicional frente a la comunidad aborigen. Cuando él por primera vez recorre el mundo con un suetercito fue absolutamente criticado. Evo es muy inteligente y se dio cuenta de que tenía que dar otra apariencia. Entonces construyó la apariencia de la asunción de su mando a partir de una conjunción entre un traje de alpaca negro brutal hecho por una mujer que era diseñadora de la clase alta, pero con los aguayos textiles antiguos de la comunidad boliviana. Con eso él conjuga esas dos irreconciliables posiciones humanas en su traje. Es elegantísimo el traje. El quería seguir siendo igual, pero perdía poder con ese suetercito. No quiere decir que ya no lo tenga. Seguramente lo siga teniendo pero para su casa, las apariencias son herramientas de poder.
–¿Y el de Eva Perón?–También hice la diferencia entre la Eva glamorosa, la actriz con los jopos, cuando la vestía Paquito Jamandreu. Y la Eva después de que ella ve a las socialistas italianas, en su viaje. Ahí cambia y se hace ese peinado maravilloso con el rodete y empieza con los tailleurs. Un despojamiento de la Eva actriz, entonces Eva Perón se transforma en Evita y tiene una conciencia social. Deja de ser la que se vestía como lo hacía la gente de la clase alta para adoptar la apariencia de la reformadora social. Y al final, a Perón no le convenía la Eva reformadora social, sino la Eva Perón de Dior, del lujo. Entonces, cuando muere no le pone el tailleur negro discreto –esto me lo contaron en una casa de modas, Henriette–, sino que toma parte del vestido que era para el 9 de julio, antes de morir, un traje de raso blanco divino creado por Jacques Fath. A Asunta, que la había vestido toda la vida, la llamó Perón y le dijo que la vistiera, entonces ella cortó la cola del vestido y le hizo la mortaja. Por ahí, si le preguntaban a Eva, hubiera preferido su traje negro de reformadora social.
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lunes, 7 de julio de 2014

John Ralston Saul, presidente del centro Internacional de la Asociación Mundial de Escritores

John Ralston Saul, 67 años, escritor canadiense, presidente del Centro Internacional de PEN con base en Londres

“Las lenguas de las Américas se han convertido en nuestras raíces, dicen quiénes somos”

El escritor canadiense señala que el PEN, que ha dejado de llamarse PEN Club, pasó de una etapa más elitista a intervenir en las nuevas problemáticas del lenguaje, desde la censura hasta la defensa de lenguas en peligro de extinción.

Por Andrew Graham-Yooll
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Pasaron por Buenos Aires como una misión ministerial. John Ralston Saul, presidente de la Asociación Mundial de Escritores PEN Internacional, con base en Londres, vino contagiando una sensación de apuro para que la filial argentina, una de las más antiguas de América latina, sea reconstruida de urgencia. Había que convocar a escritores argentinos de para recuperar el perfil perdido y relanzar el Centro PEN (Poetas, Ensayistas, Novelistas) en Buenos Aires. El secretario del canadiense Ralston, un inglés con un castellano nutrido por larga residencia en esta capital, James Tennant, convocaba a reuniones, convidaba vinos, concretaba encuentros y cenas. El viernes 9 de mayo partieron para Chile, también en busca de la reconstrucción de una sede que los años de Pinochet dejaron devastada. De regreso en su sede en Londres, aunque vive en su Canadá natal, Ralston, ya más tranquilo, repasó el proyecto para el que buscó apoyo entre escritores argentinos.
–¿Me puede decir para qué sirve la Asociación Mundial de Escritores PEN Internacional? ¿Es realmente internacional o se inclina más por atender asuntos domésticos y concretar congresos en diferentes ciudades?–Los centros fuertes pasan casi mitad de su tiempo dedicados a problemas dentro de sus propias fronteras. Los canadienses, los británicos, los norteamericanos. Los norteamericanos se están manifestando contra su propio gobierno, contra las corporaciones, en temas como privacidad y vigilancia. Lo mismo los alemanes; el centro PEN japonés organizó una campaña contra la supresión de información sobre la industria nuclear. Era un problema de falta de transparencia y libertad de expresión. La mayoría de los centros desparramados por el mundo apoyaron al centro japonés. Es importante que cada centro se vea como parte de una coalición internacional, un ensamblaje de todos. No es necesario querer a todos los socios, no se necesita estar de acuerdo con ellos, ni siquiera es necesario aceptar sus gustos o su política. El único acuerdo necesario es que la libertad de expresión es la base de cualquier función. Es central para la literatura de donde sea. No nos podemos detener a quejarnos: “Ay, esos son socialistas y no me gustan, o son nacionalistas...”. Simplemente no hay que desperdiciar el tiempo.
–Esa fue una linda presentación, pero en el contexto histórico de PEN, ¿qué hace PEN en Buenos Aires? Usted viajó a la Argentina durante la Feria del Libro, a comienzos de mayo, ¿por qué?–Hay dos respuestas. La primera es que PEN es una organización que se apoya en la labor voluntaria de sus socios. En la actualidad hay 25.000 socios en 148 centros de PEN, en 104 países. En algunos lugares hay más de un centro, por haber más de un idioma o grandes distancias que establecen diferencias, etc. Somos fuertes en muchas partes, no tanto en otras. Y aquí viene la segunda respuesta: desde hace unos tres años, o algo más, el rol y la influencia de los centros en América latina ha ido cayendo. Son buenos centros, pero se basan más en el modelo de los viejos clubes literarios, vienen de cuando había menos escritores que venían de clases y educación similares.
–Bueno, ¿y en qué fallaban?–Aun cuando se interesaban por la libertad de expresión, no sugiero que no lo hacían, no cambiaron con los cambios. PEN tiene una visión global. Los centros de PEN, ya no son PEN Club. Son más amplios. Muchos escritores, detenidos o perseguidos, hoy trabajan en el área digital, son bloggers. Ya no es el mismo mundo académico de antes. Al mismo tiempo, en América latina en la última década hemos visto el retorno de la violencia, de otra forma y objetivo, pero violencia contra escritores, muchos de ellos periodistas en México, en Guatemala, Honduras, en Brasil, en forma creciente y empeorando. Vemos un gran crecimiento en la corrupción, con forma nueva ligada al crimen, con participación de funcionarios públicos, policías y ejércitos en todos estos países. Cuando muere gente, aunque el poder judicial y la legislación parecen adecuados no se impone la ley y se magnifica la impunidad. En México se ha matado a mucha gente y no se ha acusado a casi nadie, no hay juicios, nadie va preso. Quizás uno va detenido cada cien asesinatos. Cuando me eligieron presidente del PEN Internacional hace algunos años dije que la organización tenía que lograr que los centros PEN en América latina debían recuperarse y conocer su importancia. Tienen una función local que alguna vez tuvieron y deben reasumir frente a sus propios problemas y las de otros en el mundo. Esa es la conclusión amplia. La respuesta con respecto a lo local es que la Argentina tiene un centro PEN entre los más antiguos de América latina. México creó el primer centro en 1930, y en abril de ese año le siguió la Argentina. La asociación se inició en Londres en 1921. En septiembre de 1936 en la Argentina se organizó un congreso internacional que todavía aparece en las crónicas históricas. Espero que en cinco o seis años se pueda volver a hacer un congreso de PEN aquí. Pero para lograr eso hay que alcanzar una amplia membresía, una comunidad crítica y creativa. Hay que saber que en Turquía es el PEN el que lleva adelante el debate. Es un centro enorme. En Inglaterra hay 2500 socios, los EE.UU. tiene 3500, el centro que representa la costa oeste de EE.UU. tiene otros mil miembros y mi país, Canadá, tiene mil, en la francófona Quebec hay 500 socios, en Alemania hay alrededor de dos mil, los japoneses deben estar alrededor de tres mil y en Corea del Sur hay por lo menos mil. Se acaba de iniciar un centro en Myanmar (antes Burma o Birmania). Buenos Aires tiene muy pocos socios a pesar de que carga con la herencia de una tradición muy importante. Creo que hay enorme buena voluntad para recrear un centro. Toda persona con la que conversé en mi visita a la Argentina en mayo estaba de acuerdo en que es muy importante. El Centro PEN en Brasil ha sido reanudado con mucha gente muy comprometida con los temas locales y ya se halla capaz de intervenir en situaciones internacionales.
–Esa fue una respuesta, digamos, abundante. Tiene que haber una respuesta simple que usted haya escuchado de por qué se ha ido reduciendo el PEN argentino.–Yo escucho a gente en la región que dice: “Aquí no tenemos problemas serios, la era de los dictadores militares ya fue”. No es válido el argumento. Si los canadienses y los norteamericanos pueden dedicar el cincuenta por ciento del tiempo de un centro a problemas internos de su país, considero que hay situaciones críticas que un centro argentino debe atender. No puedo creer que la Argentina tenga menos problemas que Alemania en materia de libertad de expresión. Todos tenemos problemas con la limitación de la libertad de expresión. Por otra parte, hay una situación formal: digamos que yo encabezo una delegación a México. Ahí me encuentro con una docena de escritores de Norteamérica, de Europa, de Asia, pero no tengo a mi lado escritores de renombre de Sudamérica. Necesitamos que los mejores, más influyentes, conocidos escritores de Argentina participen de las delegaciones que se preocupan por lo que sucede en su propia región, junto a escritores de renombre de otros países. Realmente es un papelón que en una reunión internacional no haya una importante representación argentina. Hay una obligación de estar. En Chile, el escritor Antonio Skármeta está organizando la reinauguración del centro PEN. Varios escritores hondureños se han reunido en Tegucigalpa para crear un centro, cosa que significa un enorme desafío a la violencia y la represión.
–¿Desde cuándo es usted presidente del PEN Internacional?–Desde octubre de 2009. Tengo un año más. Uno puede ser electo por un período de tres años o por dos períodos consecutivos. Creo que es importante que los presidentes internacionales no pasen de un período de tres años. Permite mayor rotación. La organización ha crecido suficiente en número de socios, en sus finanzas y en sus programas.
–¿Cómo describiría usted la esencia moral y el poder de la organización?–Tenemos la palabra, es nuestro poder, nuestra arma es la palabra. No tenemos bancos ni ejércitos, ya lo dije, pero hemos usado la palabra que tiene una fuerza increíble. Uno mira a su alrededor y se ve que hay un puñado de empresarios presos, quizás un grupito de presidentes o primeros ministros detenidos, y algunos generales también. Reconozco que esto último es diferente en el caso argentino. No hay economistas presos ni siquiera después de la crisis de 2008, pero hay más de ochocientos escritores o periodistas o blogueros en las cárceles de todo el mundo y unos cien son asesinados cada año. En Tailandia hace poco asesinaron a un poeta. Depende donde se mire. En México, el objetivo son los periodistas. Podemos decir que son como modas quién va a la cárcel, quién debe ser perseguido. La fuerza de la palabra se mueve. Muchas veces uno se sorprende con la labor lograda por uno mismo. Por ejemplo, recordemos que la dictadura en Túnez fue derrocada a partir de la labor de blogueros, no eran famosos novelistas. La función cumplida por autores como el irlandés Jonathan Swift (1667-1745) o el francés Voltaire (1694-1778) ahora recayó en los bloggers. ¿Quedará así? Es probable que no. Somos la palabra, no tenemos nada más. Pero eso ya es mucho.
–Antes había una regla un poco elitista que establecía que para ser socio de PEN el escritor debía tener un libro publicado, pero aquí le hacían un análisis de sangre o se cuestionaba si el libro era “literatura”.–Ya no es una regla, depende de cada centro. En Myanmar, que es el centro más nuevo, creado hace pocos meses, el presidente es un dramaturgo, el secretario es un bloguero que acaba de salir de la cárcel. No tiene un sólo libro publicado, pero es un escritor. Había antes una división muy artificial, con una parte que manifestaba que hacía literatura y otra que quería tratar la libertad de expresión. En uno de mis primeros discursos dije que las dos áreas eran lo mismo. No puede existir una sin la otra. La libertad de expresión se expresa a través de la literatura. Somos las dos cosas. La gente debe comprender como funciona esto. Si decimos que no nos vamos a meter en política, hacemos una declaración política. Todo lo que decimos o escribimos tiene un efecto político. El caso Salman Rushdie que estalló en febrero de 1989 fue un punto de cambio. Ahí, la política de la religión se enfrentó a la libertad de expresión de la literatura, y la presión y la acción extremista estaba dirigida contra las editoriales. Hay que tomar nota que una organización como la nuestra no es un club. Más bien es una coalición de personas que creen en la literatura y la libertad de expresión. No somos una ONG. Una ONG la representa un pequeño grupo ejecutivo que persigue un objetivo y una causa, tienen socios que son más bien simpatizantes. PEN es como una nación de la palabra con gente que es garante de PEN.
–En una época, los años setenta pero antes también, la Comisión de Escritores en Prisión de PEN era la columna vertebral de la asociación. ¿Qué pasó con esa comisión que parecía tener un ascendente sobre todo el resto de las actividades? Lo que usted dice marca un cambio de rumbo.–La Comisión de Escritores en Prisión (WiPC en sus siglas en inglés) era maravillosa, fabulosa y fuerte. Y aún lo es. Pero tenemos comisiones que trabajan en otras facetas de la libertad de expresión. Antes teníamos una WiPC que era una parte muy fuerte en PEN, luego estaba la literatura, que parecía menos importante. Hay que pensar en cada paso que la literatura y la libertad de expresión deben dar juntos frente a una gran variedad de reclamos. Si uno es galés, por ejemplo, tiene un idioma que ha sido políticamente marginado, hasta “atacado” durante siglos para hacerlo desaparecer. El hacer peligrar la existencia de una lengua es un desafío a la libertad de expresión. Por eso tenemos la Comisión, entre otras de Traducción y Derechos de la Lengua. En las Américas, Sur, Centro y Norte, hay cientos de idiomas nativos originarios. Son los idiomas de las Américas. Pero en nuestras costumbres, la de usted el hablar castellano e inglés, yo el inglés y el francés, usamos idiomas de otra parte. Sin embargo y con el tiempo, las lenguas de las Américas se han convertido en nuestras raíces, dicen quienes somos, aunque digamos otra cosa. Si no lo reconocemos y actuamos presenciaremos la desaparición de la mayoría de estas lenguas originarias. ¿Cuál puede ser el mayor desprecio contra cualquier persona que quitarle su lengua? El lenguaje es educación.
Hace siete años hicimos un amplio programa sobre la palabra en la educación en Africa. Hay un gran número de idiomas, pero se impone una pequeña elite de escritores o caciques o dictadores o generales o sus primos, causando daño entre ellos o defendiendo a los suyos. En muchos países, como Sierra Leona o Etiopía, que son los que conozco, lo fundamental de la libertad de expresión para el ciudadano es su capacidad del uso del lenguaje. Obtuvimos fondos de Suecia para convencer a africanos educados, escritores y otros, de ir a los colegios públicos en el interior de sus países y formar clubes literarios. Los niños casi no tienen posibilidad de completar su educación, menos aún oportunidad de terminar la secundaria o ingresar a la universidad. La mayoría no son de clase media o media alta y no tienen el dinero, ni el aprendizaje, ni la ayuda para enterarse del valor de la educación. Nuestros centros enseñan a los niños no sólo a leer literatura, que pocas escuelas enseñan de verdad, sino también aprender a escribir poesía y cuentos y obras de teatro que luego pueden representar. En el interior de Sierra Leona vi a un grupo de niñas actuar en su propia obra en un escenario bajo un tinglado abierto. Hay que darse cuenta lo importante y lo revolucionario de lograr eso. Cambia sus vidas. Los niños se embarcan en el camino de la ciudadanía por la literatura. Ahora, vuelvo a la pregunta, esa parte de la labor de PEN, llamémosle la parte literaria, crece a la par de la WiPC. Concurrimos a reuniones en todas partes para considerar otros temas con escritores. La labor está más equilibrada y los dos sectores se acompañan mejor. La literatura enfrenta su verdadero significado. La batalla por ser más importantes entre las dos alas se ha terminado. Cuando ingresé como miembro de PEN la competencia era furiosa. La WiPC hasta alquilaba oficinas aparte.
–Usted se reunió con un grupo de escritores argentinos y los actuales dirigentes del centro argentino en la Biblioteca Nacional durante la Feria del Libro en mayo.–PEN en la Argentina era por un lado una especie de club de elite. Le cuento que hace unos cuantos años, bajo la dictadura y tiempo después, me di cuenta de que el mismo nombre era negativo, muchas veces en broma pero revelaba una actitud, porque para muchos el PEN era o es el Poder Ejecutivo Nacional (PEN). “Estar a disposición del PEN” significaba quedar detenido por decreto sin juicio bajo el estado de sitio, una especie de “ley marcial” blandita. A varios colegas le molestaba la mera idea de asociarse “al PEN”.
–Fue útil enterarse de eso para alguien de afuera. No lo sabía. PEN se inició en Londres en 1921, quizá sea casi tan viejo como el estado de sitio...–Una de las características del siglo veinte y ahora en lo que va del veintiuno ha sido el crecimiento de la propaganda, del mal uso adrede del lenguaje. No sucedió en el siglo diecinueve. Los dictadores de entonces, las religiones, tenían otras formas pero hay estudios que muestran que no comprendían el poder del lenguaje. Quizás algunos lo entendían, pero no sabían hasta donde podían llegar en la distorsión del significado. Hoy, si un gobierno quiere clausurar un servicio público de apoyo a niños carenciados y discapacitados, habrá una “ley de amparo a la niñez”. O se establece la “ley de igualdad y alimentos” para condenar a un hombre por robar un kilo de comida. El idioma se usa para decir lo opuesto. Buena parte de la publicidad hoy está inspirada en dos películas que hicieron los nazis. Así se venden gaseosas y hasta algunas laptop. Vivimos en una sociedad que ve el lenguaje como peligroso, con el agregado que gente que logra fortuna y poder lo usa para la distorsión de su significado. Se usa el lenguaje contra el lenguaje.
–Muy bien, usted ha informado ampliamente, pero ahora tenemos que concluir...–La libertad de expresión tiene serios problemas, la más clara evidencia de esto se detecta en el retorno de la comedia negra. Este estilo teatral siempre llega en los momentos de dificultades políticas en lo que hace a las libertades públicas. En este caso, la mejor contraofensiva es más comedia. La autoridad no sabe responder a la mofa. No se puede prohibir el lenguaje, ni clausurar la literatura. Rebota. Lo que me asusta es que se ataca la libertad de expresión en muchos frentes... se me ocurren por lo menos siete (levanta la mano y cuenta en los dedos: ...1) El arresto, 2) La muerte, 3) La impunidad, 4) La complicidad de grandes corporaciones con los gobiernos, 5) Es sorprendente cómo se ha expandido el uso legal del secreto, 6) La vigilancia y persecución, la excusa es la protección contra el terrorismo, 7) La minucia o el insulto se usan para devaluar la libertad de expresión). Naturalmente, hay mucho más, por ejemplo la represión de la homosexualidad en nombre de la protección de menores, el uso de la difamación religiosa para justificar restricciones.
Los EE.UU. crean algo así como 55 millones de secretos nuevos cada año, que el ciudadano no puede conocer o difundir; el quebranto de la transparencia.
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revista de filosofía Vol. 39 #1 (2014)

martes, 1 de julio de 2014

Discapacidad y escuela en la CABA

Trabas para los chicos con discapacidad y para los que viven en villas

Barreras para el acceso a la escuela

Un estudio revela que, en la ciudad de Buenos Aires, los chicos con discapacidad tienen menos posibilidades de acceder a la escuela. Si viven en villas, las chances son menores. A los límites físicos se suman los de las instituciones.

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El estudio advierte sobre la “resistencia de docentes y directivos para admitir alumnos con discapacidad”.
El acceso de los chicos con discapacidad al sistema educativo es hasta un 10 por ciento menor que el de los chicos sin discapacidad; y si viven en villas, la desventaja sube hasta el 20 y el 30 por ciento. Así lo muestra un relevamiento de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) efectuado en la Ciudad de Buenos Aires, pero que podría valer para todo el país. Las franjas de edad más afectadas son la de los nenes de 3 y 4 años y la de los adolescentes de 15 a 17, que revelan una alta tasa de deserción. Entre las causas, según la investigación, se destacan “las barreras actitudinales: la resistencia de docentes y directivos de las escuelas para admitir alumnos con discapacidad”. Además, “en las villas hay barreras adicionales para la movilidad” y “los más pobres no pueden pagar maestros de apoyo ni otros recursos”.
El informe –denominado “Una deuda de derechos humanos: la falta de acceso a la escuela de niños/as con discapacidad y de niños/as con discapacidad que viven en villas. El caso de la Ciudad de Buenos Aires”– señala que, “según el último censo, el 96,7 por ciento de los niños y niñas de 5 años que viven en la Ciudad Autónoma asiste a un establecimiento educativo. Pero si contamos sólo a personas con discapacidad (PCD), ese porcentaje desciende al 91,9. El 8,5 por ciento de las PCD de entre 3 y 17 años que viven en la Ciudad no asiste a la escuela”, precisa el informe, y señala que, por lo tanto, “en la Ciudad hay más de 1600 niños y niñas con discapacidad de entre 3 y 17 años que no asisten a ningún establecimiento educativo”.
Los datos fueron obtenidos del Indec, a partir de un pedido de información pública efectuado por ACIJ. Diferenciando por edades y tomando el caso de Villa 31 y 31 Bis, para la franja de 3 a 4 años la escolarización total en la CABA, incluyendo nenes con y sin discapacidad, es del 83,5 por ciento, pero para los que tienen discapacidad y viven en la villa, la proporción cae al 51,52, lo cual representa una diferencia de 31,98 puntos. Según observa el informe de ACIJ, “es probable que la falta de vacantes escolares en la Ciudad, que se concentra principalmente en el nivel inicial, afecte especialmente a los niños y niñas con discapacidad”.
Nicolás Schujman, integrante del programa Igualdad Educativa de ACIJ, comentó que “conociendo las barreras de actitud en maestros y directivos para aceptar alumnos con discapacidad, es poco probable que si en la franja de 3 a 4 años hay pocas vacantes, sean para estos chicos. Sabemos, por testimonio de muchos padres de chicos con discapacidad de distintas edades, que para anotar a su hijo en una escuela común deben peregrinar por muchos establecimientos, públicos o privados, hasta encontrar uno que lo acepte. Sucede que los docentes no están formados en una perspectiva de inclusión”.
Para chicos de 5 años, el total de escolarizados en la Ciudad llega al 96,7 por ciento, pero baja al 76,47 entre los que tienen discapacidad y viven en la villa. En la franja de 6 a 11 años, el 99,2 por ciento del total va a la escuela, pero sólo lo hace el 88,46 por ciento de los que viven con discapacidades en la Villa 31. Entre los de 12 a 14 años, va al colegio el 97,8 por ciento del total y el 93,56 por ciento de los que tienen discapacidad y viven en la villa.
La caída en la escolarización de los chicos con discapacidad en la villa es más dramática entre los 15 y los 17 años: el 90,5 de la población total de esta edad va a la escuela, pero lo hace sólo el 68,41 por ciento de los que viven en la villa, con alguna discapacidad: más de 22 puntos de diferencia. Con relación a este grupo de edad, “hay que agregar el hecho de que no existen escuelas secundarias especiales”.
De todos modos, el trabajo destaca que “la solución a este problema nunca podría ser ampliar la oferta de vacantes en educación especial”, ya que “la escuela especial, al ser un espacio segregado, discrimina a las personas con discapacidad y viola su derecho a una educación inclusiva”.
Por lo demás, “es esperable que las barreras y obstáculos a la inclusión en escuelas comunes afecten en mayor medida a los sectores más pobres, ya que éstos en general no tienen recursos para pagar maestros de apoyo, ni cuentan con una obra social que cubra los recursos para la inclusión”.
Schujman advirtió que “en las villas aparecen barreras adicionales en lo referido a la movilidad; las calles suelen no estar pavimentadas y los accesos son difíciles”. El investigador señaló que “tomamos el caso de las villas porteñas porque, en general, trabajamos con temas de la Ciudad de Buenos Aires. Pero, por ejemplo, en zonas carenciadas del conurbano bonaerense, probablemente la situación sea similar o peor. El problema concierne a todo el país”.
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martes, 24 de junio de 2014

Notas primer parcial del 24/06/14

Están todas aprobadas y en carrera para promocionar la materia! felicitaciones!
En la reunión del martes 1 de julio comenzaremos a trabajar el texto de  ULIN , Robert (2000): Antropología y teoría social. México: Siglo XXI, pp. 20 a 46, está el link en el blog para descargárselo.

Nombre
Nota final
Comentario
Ailén
10
Excelente examen!
Ayelén
10
Excelente examen!
Karina
10
Excelente examen!
María de los Ángeles
9
En la primer respuesta describís muy bien la amenaza pero no hay respuesta sobre cómo reafirma la estructura.
Las demás respuestas están muy bien.
María Laura
10
Excelente examen!
Melisa
7
En la primera respuesta describís la amenaza pero no cómo reafirma la estructura.
En la segunda respuesta también analizás bien la antinomia pero no contestás cómo se resuelve o por la primero o segunda definición de cultura.
Tercer respuesta muy bien!
Myriam
10
Excelente examen!

jueves, 19 de junio de 2014

Reseñas Bibliográficas al 19/06/14


1er. cuatrimestre
2do. cuatrimestre
                Nombre
Reseña #1
Reseña #2
Reseña #1
Reseña #2
Ailén
APROBADA
Muy completo!



Ayelén
APROBADA
Muy completo!
APROBADA
Ojo!
Las cultuturas inmanentes no son exóticas en sí, depende del marco téorico del etnólogo.
En las culturas inmanentes se le impone al individuo como valores y creencias naturalizadas.
El ejemplo del mito al logos era un ejemplo del cambio producido en antropología como lo fue en la cultura griega antigua. El cambio es metodológico y teórico.
No es Levis sino Levi Strauss. No fabricaba jeans.
El mundo es pluricultural!!


Karina
APROBADA
- El antropólogo desarrolla su actividad en una situación de estado de cosas de la propia actividad y el objeto en estado histórico definido.
- La amenaza del acontecimiento provoca en la comunidad el desarrollo de rituales que tienen por objetivo la preservación del orden. Toda amenaza de fuerzas naturales que la comunidad no puede controlar genera una situación de vulnerabilidad hacia la estructura social
APROBADA
Muy Completo!


María de los Ángeles
Aprobada
Muy completo!
Aprobada
Muy Completo!


María Laura
Aprobada
Muy Completo!



Melisa
Aprobada
Muy completo!



Myriam
Aprobada
Muy completo!
Aprobada
Muy completo!


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