Somos iguales

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miércoles, 15 de octubre de 2014

Los neohippies

Los neohippies: la nueva generación que retoma un sueño

En El Bolsón los inmigrantes jóvenes cambian paradigmas
Por   | Para LA NACION

Mauro y Clarisa Alonso, con su pequeña Ema, dejaron Buenos Aires para cambiar su estilo de vida en El Bolsón.

EL BOLSÓN.- Cuando se habla de El Bolsón, el imaginario colectivo piensa automáticamente en los hippies, sus artesanías, sus comidas y su estilo de vida alternativo. En los últimos años una nueva generación de "inmigrantes" llegó a esas tierras en busca de armonía, seguridad, contacto con la naturaleza y con la idea de retomar algunos valores productivos, económicos y espirituales de quienes los precedieron en ese "sueño" de los sesenta.
Pero los neohippies no son radicales. No quieren vivir en comunidad, ni se rigen por los designios astronómicos, aunque adoptan la idea de desarrollarse en armonía con la naturaleza, el aprovechamiento de los recursos al máximo y la convivencia pacífica.
Este tipo de migración, en su mayoría familias jóvenes, ha ido en aumento en los últimos años y se registra un crecimiento demográfico del 30% en la región entre la década del noventa y la actualidad. Se sienten atraídos por la vida rural, sin renegar de su origen urbano-profesional, y eluden las posturas extremas de resistencia al sistema.
Ya pasaron casi 50 años desde que, durante el Onganiato, aquel grupo de jóvenes que llevó Hair a la escena porteña dejó todo para irse a vivir en comunidad a El Bolsón y hacer realidad la ficción que representaban. "Estuve en El Bolsón en varias oportunidades. En determinado momento, llegamos a ser doce personas en una cabaña. Nos dedicábamos a la música, la artesanía, vivíamos del canje, y junto con el músico Kubero Díaz compusimos muchas canciones reflejando el paisaje y la forma de vida en la montaña", explica Miguel Cantilo, músico y uno de los protagonistas más importantes de esa época.
En las décadas siguientes, fueron llegando muchas corrientes migratorias atraídas por la belleza del lugar y el halo mítico que lo envolvía, una especie de paraíso natural en el que el ser humano se volvía a encontrar con su esencia. El motivo que une transversalmente todas las generaciones que se mudan a este tipo de lugares es huir de las grandes urbes y vivir de una manera más simple, más libre, en total armonía con la naturaleza, en forma autosustentable, sin presiones sociales ni familiares. Una forma que el inconsciente colectivo llamaría hippie. Las montañas, los lagos, las chacras con sus tierras infinitas llenas de sol..., todas ellas imágenes que quedan impregnadas en quien visita El Bolsón y que, para muchos, se convierte en el ideal por alcanzar cuando sueña con dejar todo e irse, como el protagonista del cuento La vida secreta de Walter Mitty, de James Thurber.
La antropóloga Christinne Danklmaier trabaja en la Secretaría de Agricultura Familiar y vive en la zona desde hace casi 10 años. Ella no cree que esta historia casi legendaria del ícono hippie que representa El Bolsón sea su atractivo turístico, sino que esto ha sido superado por el legado que ellos dejaron. "La explotación turística de lo hippie y lo alternativo es relativa. No se lo vende como un lugar hippie porque eso ya está instalado en el imaginario de quienes no viven en la zona. Tanto los visitantes de la comarca como sus pobladores tienen una idea del lugar que incluye la belleza natural, la producción artesanal, las terapias alternativas y la conexión con la naturaleza. Todo esto forma un imaginario que los turistas quieren visitar y experimentar, y los migrantes neorrurales quieren apropiarse para hacerlo su forma de vida", agrega.
El concepto de lo "neorrural" define a aquellos que migran de las grandes ciudades y se caracterizan por su necesidad de vivir en una región con más espacio vital y sin aglutinamiento poblacional. Se sienten atraídos por este imaginario de vida más tranquila, para poder armar un proyecto familiar y rural. En el censo de 1991, había 13.000 habitantes en la zona de El Bolsón y en 2010 ascendió a 20.000 personas.
Clarisa Alonso es parte de este grupo migratorio: llegó en 2009 con Mauro, su pareja, porque no querían vivir más en Buenos Aires. Ella es fotógrafa y diseñadora de jardines y él es profesor de música. Ambos confeccionan ropa, que venden en la feria artesanal, y tienen una hija de 3 años. "Ya en Buenos Aires empezamos a hacer cursos para tener nuestra propia huerta, preparar quesos y todas cosas que nos permitieran ser más autosustentables y dejar los productos industriales. Compramos un terreno acá e hicimos nuestra casa de acuerdo con la construcción natural: paredes de barro, techo vivo, reciclado de aguas y todo ese tipo de medidas para cuidar el medio ambiente y vivir en armonía con él. Muchos de nuestros amigos en Buenos Aires están viniendo también, buscamos tener más tranquilidad, más seguridad y una mejor calidad de vida", cuenta Clarisa.
Si nos remontamos al origen del movimiento hippie vemos que, sin banderas políticas, esta corriente cultural proponía eso mismo que describe Clarisa: un estilo de vida menos consumista y de respeto por la naturaleza. Fueron los primeros ecologistas y este legado se consolidó, muchos años después, en la concientización social acerca de estos temas. En la Argentina, El Bolsón fue pionero y epicentro de fuertes protestas contra la energía nuclear, las minas a cielo abierto y la tala de los bosques nativos. Ésta es una de las banderas que representan al neohippie que hoy migra a esta ciudad. Santiago Bondel es geógrafo de la Universidad de la Patagonia y analiza que"esta resistencia hacia actividades que sugieren impactos importantes sobre el medio natural, hoy, es una de las características más reconocidas entre los que fueron migrando a El Bolsón en las últimas décadas. Aquí, la economía se aleja de la ortodoxia y hay una progresiva pérdida simbólico-conceptual del término progreso, aquel que perfilaron los pioneros y que, en lo económico, encarnaba principalmente el incremento del patrimonio material en un contexto de crecimiento social", agrega Bondel.
Claudia García, docente y vicedirectora de la Escuela de Educación Media N° 30, perteneció a un numeroso grupo de jóvenes que migró de Buenos Aires a El Bolsón en 2001. Con toda su familia a cuestas, se instaló en Mallín Ahogado, una zona rural, en donde vivían sin luz ni gas."No teníamos servicios y para calefaccionar la casa, teníamos que traer los troncos con unos bueyes. Todo fue muy enriquecedor y aprendimos mucho, tomando más contacto con cada detalle de lo cotidiano. Nuestra alimentación cambió para mejor, es mucho más sana, y hoy sentimos que todos crecimos como personas y profesionalmente también. La educación de nuestros hijos fue en escuelas públicas y este año emigraron a Buenos Aires para estudiar en universidades públicas", explica. Ella es profesora de matemáticas y al llegar, hace 15 años, consiguió trabajo rápidamente en una escuela agrotécnica de la zona. "El cambio familiar fue muy grande, pero en realidad todo estaba dentro de nosotros y aquí lo pudimos exteriorizar. Queríamos la sencillez de la vida, un progreso, pero hacia nuestro interior. Nos fuimos encontrando con mucha gente como nosotros, que había llegado con las mismas expectativas", recuerda.
Unos años antes, en la década del 80, luego de restablecida la democracia, sólo quedaban recuerdos lejanos de la revolución hippie y su ideal de vida comunitario, pero sus ideas permanecieron y ganaron aceptación social. La tolerancia y celebración de la diversidad cultural y étnica, la libertad sexual y el rechazo hacia toda forma de violencia y autoritarismo son valores instalados en las sociedades civilizadas y se convirtieron en normas de convivencia indispensables para vivir en paz. "Lo que algunos llamaron «el sueño hippie» no fue ningún sueño ni ninguna ilusión. La finalidad era vivir en la naturaleza, probar otro sistema de subsistencia, aprender las tareas rurales y experimentar un sistema comunitario de convivencia. Todo eso fue realizado y dejó en cada uno de los que lo vivieron una marca indeleble. Una etapa de aprendizaje más", aclara Miguel Cantilo.
Andrea Monzón llegó a El Bolsón en 1989. Hoy tiene 46 años, 4 hijos y trabaja en la feria artesanal, donde vende tortas galesas y stollen (pan dulce alemán). "Los que vinimos a fines de los 80 elegimos este estilo de vida. Queríamos salir de los mandatos familiares porque no nos sentíamos identificados con lo que teníamos. El lugar era ideal y te obligaba a compartir todo porque el clima no era sencillo y no teníamos las facilidades que tenemos hoy. Bajábamos de la montaña a la feria en el horario en el que llegaba el micro de Bariloche, siempre y cuando el clima lo permitiera. Los caminos eran de ripio y en ese mismo micro con turistas llegaban artesanos y feriantes de otros pueblos, que traían sus terneros y chanchos para vender ahí. Era muy diferente a la feria de hoy, que está organizada y abre en días y horarios establecidos", recuerda.
Para aquel entonces, la revolución hippie había quedado aparentemente derrotada hacía muchos años. Las instituciones sociales de aquel momento se habían sentido amenazadas por el nuevo paradigma social que proponían y una malintencionada campaña los asoció con los asesinatos de Charles Manson, un psicópata con aspecto hippie, pero con antecedentes criminales muy anteriores. El abuso de la marihuana y de alucinógenos fue el punto más débil del movimiento, pero las ideas que propagaron se instalaron en una sociedad que necesitaba un cambio. Algunos hippies decidieron comenzar a viajar y andar por el mundo, instalándose en pequeñas poblaciones donde poder vivir de sus artesanías y a su manera, y en la Argentina, uno de esos lugares fue El Bolsón. "Luego del Mayo Francés se fortalecieron nuevos paradigmas culturales, que entre otras motivaciones sustanciales, especialmente en la juventud, tuvo una de sus banderas en el retorno a lo natural. La comarca, así, fue una oferta que estaba sustentada en el aislamiento, su no contaminación y su belleza escénica",explica Bondel.
Tato Álvarez es fotógrafo y formó parte de esa generación que llegó a El Bolsón a principios de los 70. Atraído por muchos amigos que ya se habían instalado en la zona, recuerda: "El I Ching era nuestra biblia. Nosotros éramos vegetarianos, producíamos nuestros alimentos y los lugareños nos decían «ipis», porque lo asociaban con los caballos que comprábamos cada uno de nosotros al llegar a la comunidad". Fiel a su pensamiento anticonsumista, Tato sigue usando su antigua cámara Leica, con la que fotografió a Lanza del Vasto, discípulo de Gandhi, cuando llegó a visitarlos en 1977 enterado de la comunidad que allí vivía. "Con su llegada, armamos un campamento que duró varios días, y vinieron muchos seguidores de diferentes partes del país. Lanza del Vasto vino a fundar la Comunidad del Arca y se mantuvo en contacto con nosotros hasta 1981, cuando tuvimos que abandonarla, ya que una de las familias quiso alambrar su espacio y volver a la propiedad privada. Eso rompía el espíritu que nos unía y cada uno siguió su camino", recuerda.
A diferencia de aquéllos, los neohippies que vienen migrando en los últimos años a El Bolsón ya no llaman la atención ni escandalizan a nadie. Estos nuevos migrantes dejan la seguridad de un buen salario por un estilo de vida más placentero y coherente con sus valores, aunque sin la necesidad de romper con ninguna estructura social, porque el camino ya estaba hecho por sus antecesores. "Aquella corriente de pensamiento y de acción se proyecta en la actualidad fragmentariamente y dejó su legado. No es necesario llevar ropa de colores, ni flores, ni pelo largo. Hoy día lo que se rescata es el respeto por la naturaleza, la tendencia a una vida pacífica en contraposición con la neurosis descontrolada que dificulta enormemente la calidad de vida en las urbes, las fuentes filosóficas orientales, las disciplinas de educación o autoconocimiento, todas pautas de vida surgidas en la llamada época hippie, pero transformadas, enriquecidas y difundidas con el paso de las décadas", reflexiona Miguel Cantilo. Con ellos se encontrarán los turistas que vayan en busca de ver qué quedó de todo eso.

EL BOLSÓN, LA TIERRA PROMETIDA

1969
Los actores del musical Hair
Los primeros hippies de El Bolsón pertenecían casi todos al staff de la versión local del musical Hair. Vivían en comunidad hasta que Gendarmería los echó por escandalizar a la población bañándose desnudos en el río
1970-1980
Las hippies fundacionales
De todas partes del país se van a vivir en comunidad en Golondrinas, Cajón del Azul, Mallín Ahogado y otros lugares de la comarca andina. Viven en forma autosustentable y practican un sincretismo religioso con fuentes orientales y occidentales
1989-1995
Renacimiento del movimiento
Con la migración de nuevas generaciones que escapaban de las ciudades, la hiperinflación y un primer gobierno democrático con un final turbulento. Revalorizan los ideales originales
1995-2001
Los hippies noventistas
Migran jóvenes con algún poder económico: inversores que compran casas, lotes y traen sus 4x4. Quieren vivir como en la ciudad pero disfrutar de la belleza natural que rodea a esa zona
2001-2010
La estampida posterior a la crisis
Nueva migración de jóvenes que huyen de la crisis de 2001, el desempleo, la inseguridad y la opresión de la vida urbana. Se instalan con su familia en zonas rurales, practican un estilo de vida natural y autosustentable y trabajan en las profesiones que cada uno ya tenía
Desde 2010
La irrupción de los neohippiesJóvenes con sus familias que dejan la ciudad en búsqueda de mayor seguridad y tranquilidad. Asumen el costo de abandonar un buen trabajo por una mejor calidad de vida e inician proyectos de trabajo en conjunto (artesanías, ropa, producción agropecuaria).

Inmigrantes peligrosos

Raúl Zaffaroni participó en un seminario dirigido a periodistas

Para desterrar mitos sobre el inmigrante peligroso

El seminario, organizado por la Secretaría de Comunicación de la Nación y el Colectivo Cine Migrante, convocó al juez de la Corte y a especialistas. Estuvo dirigido a los lugares comunes que construyen a los migrantes como responsables de la inseguridad.

Por Horacio Cecchi
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Raúl Zaffaroni, juez de la Corte, y Martín Arias Duval, titular de la Dirección Nacional de Migraciones.
“El tráfico de personas se genera por la prohibición. La prohibición es una alquimia que fabrica oro y tras de ese oro viene el crimen organizado”, dijo Raúl Zaffaroni durante el seminario “Migrantes. Su abordaje periodístico”, organizado por la Secretaría de Comunicación Pública de la Jefatura de Gabinete de la Nación y el colectivo Cine Migrante. El juez de la Corte se refería a las barreras migratorias que levanta Estados Unidos para intentar frenar la inmigración latina y al negocio de las mafias que transportan personas como paquetes para depositarlos del otro lado de la frontera, crecidas, según señaló el magistrado, al amparo de la ley de migraciones prohibitiva. Un poco antes, Alejandro Grimson, director de la Maestría en Sociología de la Cultura y el Análisis, había comentado que la xenofobia se sostiene desde un fuerte imaginario social. “Uno se pregunta cómo hace la hinchada de River (se confesó seguidor millonario) para agarrársela siempre contra los negros y pueda aceptar en su equipo a jugadores como Eder Balanta, de piel negra. Y cómo hacen esos jugadores negros para poder jugar en un club con esa hinchada.”
El seminario, abierto pero convocante de periodistas y estudiantes de comunicación, tuvo como eje la forma en que el periodismo aborda a la población migrante, vinculándola con delitos y violencia. Entre los panelistas, además de Zaffaroni y Grimson, se encontraban Martín Arias Duval, director nacional de Migraciones; y Pablo Ceriani Cernadas, miembro del Comité de la ONU sobre Derechos de Migrantes y sus Familias; Víctor Abramovich, secretario ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas en DD.HH. del Mercosur (Ippdh), y Pedro Mouratian, interventor del Inadi.
Y especialmente, se centró en la Ley 25.871 de Migraciones, que lleva diez años de promulgada y que fue sostenida por cada uno de los panelistas. “Un periodista de un programa de radio esta mañana (por ayer) dijo que Argentina no tiene política migratoria –dijo Arias Duval–. Yo diría que no tiene la política migratoria que a él le gustaría tener. La sanción de la 25.871 es parte de una política nacional que reconoce a la migración como un derecho humano. ¿Cómo se puede enfrentar un problema migratorio? –continuó el director de Migraciones–. Una es con el modelo securitario, focalizar visas, ingresos, etcétera, en cuestiones vinculadas con la seguridad pública. Otra es reconociendo que hay una identidad común de un lado y del otro de la frontera, que la migración es un derecho.” Además respondió: “Dicen que en Argentina se radica cualquiera y no es cierto. Esta ley prohíbe la radicación a quien tiene antecedentes penales. Lo que pasa –aclaró el funcionario– es que los medios condenan antes de que lo haga la Justicia y antecedente sólo se cuenta cuando hay condena de la Justicia.”
“La gran mayoría de condenados por tráfico de estupefacientes –confió Arias Duval– no son latinoamericanos sino europeos.”
Claro, la etiqueta narco les calza mediáticamente a varios gentilicios latinoamericanos. La asociación es libre en ese aspecto: la recordada tapa de La Primera, de Daniel Hadad, bajo el título de “La invasión silenciosa” y un primerísimo plano de un inmigrante, en una villa, con un evidente trabajo de edición fotográfica para hacerle desaparecer un par de dientes, clarísima señal según los protocolos de urbanismo de que se trataba de uno más de los miles que supuestamente entraban al país indocumentados.
Claramente, el muro y la alambrada levantados por Estados Unidos para frenar la “invasión silenciosa” mexicana, y un funcionario de la Secretaría de Seguridad que asoció los problemas de inseguridad con los migrantes indocumentados, cuyo nombre no fue mencionado por los panelistas, constituyeron los casos preferidos para ejemplificar las críticas a los mitos xenófobos que son difundidos por los medios pero que, aseguraron, tienen un fuerte soporte social. No hay periodistas marcianos sino que, sencillamente, están atravesados por esos mitos.
Ceriani Cernadas, que también es coordinador del Programa Migración y Asilo del Centro de Justicia y DD.HH. de la Universidad Nacional de Lanús, avanzó sobre la idea de “qué dicen y qué no dicen los medios”. “Por un lado presentan la cuestión migratoria como una emergencia. Siempre vinculada con palabras como ‘avalancha, invasión, ola, marea’. Y cualquier cambio radical que hable positivamente es invisibilizado por este tipo de discurso, no sólo para que no vengan más sino para que vengan y se queden de una sola manera”, sostuvo Ceriani Cernadas, refiriéndose a las condiciones precarias en que exigen para los migrantes “bajo ciertas condiciones”. “¿Y qué es lo que no dicen los medios? No dicen por qué la gente se tiene que ir de su país –con todo el estrés que implica–, y sólo hablan de quién puede salir de su país.”
Más tarde, Ceriani propondrá a una pregunta sobre cómo hacer para un periodista que acuerda con las críticas a la xenofobia pero debe escribir notas atravesado por la mirada del medio en el que trabaje. “De a poco, con alianzas –sugirió Ceriani–. Se puede empezar por dejar de hablar de 40 millones de argentinos. Empecemos a hablar de 40 millones de personas en la sociedad argentina.”
Alejandro Grimson sostuvo que “el imaginario sobre la migración se puede sintetizar en que la migración habla de desigualdad en algún lado. Y esa desigualdad mueve”, en busca de supervivencia. Hizo eje en el soporte social que tiene la mitología xenófoba. “En nuestro país la versión xenófoba dice que en Argentina no hay negros ni indígenas. Para oponerse, la versión de izquierda la denuncia, señalando que ‘no hay negros ni indígenas porque los mataron a todos’. Denuncia que los mataron pero sostiene el mito de que no hay negros ni indígenas. En Argentina, el 4,5 por ciento de los 40 millones se definió con raíces indígenas. En Brasil, sobre 100 millones, el 0,2. Pero si se hiciera una consulta todos dirían que acá no hay negros ni indígenas y que en Brasil está lleno.”
Zaffaroni avanzó sobre los impulsos xenófobos, con una buena dosis de ironía en sus descripciones. “Los medios van construyendo un estereotipo con características negativas. Un enemigo de afuera, enemigo natural, que viene a robar nuestros valores, nuestra cultura, nuestras posibilidades laborales.” El juez de la Corte habló sobre la situación de la inmigración europea y las miles de muertes que produce el intento de ingreso desde Africa. “Sin embargo, no se detiene. En Estados Unidos creen que con el muro y la alambrada y la ley prohibitiva van a detener la migración, pero tienen 14 millones de hispanos dentro. Para cruzar a los mexicanos existen bandas organizadas que nacen al amparo de la necesidad que crea la prohibición de migración. Falta una elemental dosis de sinceridad.”
Más tarde, Víctor Abramovich arrojaría cifras que pusieron marco al seminario: pese a la lectura xenófoba de muchos medios, en el 2012, sólo 5,7 de cada 100 presos en las cárceles argentinas es migrante; de las cuales, según recordó antes Ceriani, muchos como las mulas no son migrantes porque están en tránsito. Abramovich agregó que en la Ciudad de Buenos Aires, la Federal detuvo en 2012 por averiguación de antecedentes a 1195 argentinos y 1462 migrantes. De estos últimos, sólo 19 constituyeron casos penales. Y recordó que la investigación de Zaffaroni en la Corte Suprema había detectado que el 29 por ciento de las víctimas de delitos dolosos fueron migrantes, aunque para los medios no sea noticia.
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martes, 14 de octubre de 2014

Ciudad Digital

En el XV Encuentro Iberoamericano de Ciudades Inteligentes, celebrado el 2 y el 3 de octubre en la ciudad española de Málaga, se lanzó un proyecto denominado “I+D Ciudad 2020”, que se desarrolla en esa ciudad andaluza, Santander y Zaragoza con una inversión de 16,3 millones de euros impulsado por un consorcio liderado por el grupo español Indra.
Más de 3.800 profesionales se dieron cita en Málaga para escuchar a 242 ponentes, representantes los gobiernos municipales de 60 ciudades de 18 países, además de recorrer una muestra con servicios y productos de unas 600 empresas. El encuentro fue organizado por la Asociación Iberoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones (AHCIET).
“I+D Ciudad 2020” se construyó durante los últimos tres años con nuevas tecnologías para facilitar la gestión de los recursos de las ciudades y el desarrollo de nuevos servicios que permitan a los ciudadanos participar de esa gestión y disfrutar de las ventajas que ofrece una “smart city”.
Este nuevo modelo de ciudad inteligente y sostenible se realiza en estas ciudades, donde se prueban diferentes herramientas y servicios dirigidos tanto a los gestores como a los ciudadanos.
Sobre una plataforma basada en Internet, se integraron las nuevas herramientas desarrolladas en el proyecto para facilitar la gestión energética en edificios y espacios públicos, la gestión del transporte y la movilidad, y la sostenibilidad medioambiental, los tres aspectos que más impacto tienen en la calidad de vida del ciudadano.
Gracias a las nuevas soluciones de gestión diseñadas, los responsables de la ciudad disponen de información integrada en tiempo real sobre la ciudad y sus diferentes recursos, que pueden ver sobre el propio mapa de la localidad. De esta forma, pueden tomar decisiones con una mayor agilidad y eficacia.
Por ejemplo, pueden detectar situaciones anómalas o reuniones deportivas, culturales o sociales, y alertar a los ciudadanos, recomendarles rutas alternativas para evitar la concentración, gestionar el transporte público en el área o tomar medidas para controlar el consumo energético o la contaminación en la zona.
Mediante el uso de herramientas predictivas, los gestores también pueden anticiparse a situaciones como congestiones de tráfico, picos de consumo energético y contaminación acústica o atmosférica y tomar medidas preventivas para paliar sus efectos.
El proyecto también desarrolló una aplicación para dispositivos móviles desde la que los ciudadanos pueden acceder de forma sencilla e intuitiva a las diferentes herramientas que ofrece Ciudad 2020, así como a otras externas relacionadas con la ciudad en ámbitos como ocio, turismo, educación, sanidad, etc.

lunes, 13 de octubre de 2014

Los Piletones

Crisis habitacional / Obras en el sur de la ciudad

Los Piletones: de villa a urbanización con vecinos propietarios

Chicos y discapacidad: piden que estudien en una escuela común y con una educación inclusiva

Más de 100 organizaciones civiles luchan por unificar el sistema de enseñanza; buscan que responda a las necesidades de todos los estudiantes en infraestructura y con apoyos particulares
Por   | LA NACION
Era un año con todo para celebrar. En noviembre, el viaje de egresados a Córdoba, y a fin de año, terminar la primaria siendo el primer estudiante con síndrome de Down que egresará de ese ciclo en su escuela. Aunque la mayor satisfacción para Ezequiel, de 14 años, y para su familia es cómo la comunidad educativacambió la cabeza en esos ocho años compartidos. "Ezequiel no sólo está incluido socialmente, sino que se ha ganado, con su esfuerzo, el respeto de sus compañeros y maestros", cuenta Javier Speroni, su padre.
Pero en junio les llegó a sus padres una noticia que no se esperaban: la escuela privada a la que asiste en Caballito no le iba a renovar la matrícula. ¿Las razones? No se veían capacitados y el sistema no estaba preparado. Los padres de Ezequiel entendieron lo que les decían como que había llegado la hora de que su hijo siguiera en la escuela especial.
Ezequiel necesitó algunos apoyos estos años: una hora por semana con la fonoaudióloga, que lo entrena en lengua y le anticipa contenidos que se van a ver en clase, y una hora con la psicopedagoga. "La idea era ir probando, pero no negarle el conocimiento como suele pasar en algunos casos -cuenta su padre-. La escuela es un paso fundamental en la vida de las personas para los pasos subsiguientes de la vida, y si bien Ezequiel aprende más lento, con estos apoyos puede estar ahí."
Ocho años de cosecha dieron sus frutos. Quienes se movilizaron enseguida fueron sus compañeros de colegio, tanto que en julio los padres del colegio se juntaron para escribir una carta al colegio donde expresaron desconcierto y sorpresa por la decisión de que no renovaran la matrícula para ingresar al secundario, haciendo hincapié en todo lo que aprendieron y disfrutaron junto a Ezequiel durante esos años.
Los padres de Ezequiel recorrieron siete colegios privados sin suerte. Cuando finalmente encontraron una opción en una escuela pública del barrio, Javier Speroni se cruzó con el director de la institución en la puerta. Había novedades: "Lo vamos a aceptar", le comentó. Al día siguiente, en el cuaderno de comunicaciones de Ezequiel estaba la nota con la matrícula.
Casos como éste aún son excepcionales. Y por eso 115 organizaciones civiles de todo el país se congregaron en el Grupo Artículo 24 por la Educación Inclusiva para que la excepción se convierta en la regla: un sistema de enseñanza único, que responda a las necesidades de todos los estudiantes, también aquellos con discapacidad, y que, de esta manera, las escuelas especiales ya no tengan razón de ser.
"Hoy estamos parados en un sistema que excluye y que segrega -dice Gabriela Santuccione, coordinadora del Grupo Artículo 24-. Hay que ir a un sistema inclusivo y reconvertir la escuela especial, pero primero hay que terminar con las normas que permiten sacar a un chico de la escuela común."

CAMBIO DE PARADIGMA

Santuccione se refiere a un cambio de paradigma, donde se deje de ver a las personas con discapacidad como sujetos de atención médica y se las empiece a ver como sujetos de derecho y, por ende, con derecho a la educación. "Las escuelas de educación especial responden al modelo rehabilitador, se enfocan en el déficit y lo que buscan es curar más que enseñar", afirma. Esta posición ha generado resistencia en ciertos sectores, y una de las razones es el temor a la pérdida de fuentes de trabajo para los maestros de las escuelas especiales. En ese sentido, Santuccione asegura que el planteo es que los maestros de escuelas especiales estén presentes, pero en vez de en dos sistemas en uno solo.
El nombre de la agrupación remite al artículo de la Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad que sostiene que los Estados parte del convenio deben asegurar un sistema de educación inclusivo a todos los niveles. ¿Qué debe entenderse por educación inclusiva? Un estudio sobre el derecho de las personas con discapacidad a la educación del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de diciembre pasado la define como aquella que reconoce la obligación de eliminar barreras que restrinjan o impidan la participación, y que también reconoce la necesidad de modificar la cultura, la política y la práctica de las escuelas convencionales para tener en cuenta las necesidades de todos los estudiantes, también de aquellos con discapacidad.
En ese texto también se diferencia la inclusión de la integración, cuyo enfoque se centra en reforzar la capacidad del estudiante por cumplir las normas establecidas y no contempla la adaptación de la escuela a las necesidades de los alumnos.
Cuando Santuccione recorrió escuelas para su hijo -hoy en tercer año del secundario-, que tiene una discapacidad que no requiere adaptación curricular, la mayoría de las instituciones tenían una misma respuesta: no. Porque no estaban capacitados, porque no tenían vacantes, porque la vacante de integración ya estaba cubierta. Al final, pudo ingresar en una escuela pública de Capital para hacer el secundario. "Él se tuvo que amoldar al colegio, y no el colegio a él. Nada han hecho para hacérselo más accesible. Todo el esfuerzo es de él", cuenta Gabriela.
La adaptación de la escuela a la persona (y no al revés, como suele suceder) es una característica de la educación inclusiva que se lleva a cabo a través de ajustes razonables y apoyos: medios que garanticen a todos la accesibilidad en cuanto a infraestructura, al transporte y a los medios para comunicarse, además de las que se requieran para las necesidades individuales de los alumnos, como lo son los maestros integradores.
Verónica Martorello, que ejerció ese rol durante dos años y hoy se ocupa de monitorear a otros profesionales, considera al maestro integrador un agente de cambio dentro de la escuela y también en la sociedad: "Dentro del aula, no sólo acompaña al chico en el día a día; es también una pareja pedagógica de la maestra y un referente para los otros alumnos -dice-. Es además quien articula la posibilidad de que esta persona esté en el contexto educativo y pueda funcionar".
Si algo estuvo claro desde el momento de la creación de la Escuela Arlene Fern, colegio primario privado de Capital, fue que la inclusión de niños con discapacidad sería uno de sus pilares ideológicos. Hoy la escuela cuenta con 40 niños integrados y 59 maestros integradores.
Como cuentan las directoras de primaria y jardín de infantes, Beatriz Plotquin y Tali Joffe, al arrancar sin un marco de referencia, en sus 19 años de historia hubo aprendizajes sobre la marcha. Lo que empezó como integración derivó luego en inclusión, y se dejaron atrás costumbres como esa de que en las reuniones se les diera un espacio a los padres del niño integrado para que hablaran de lo que le pasaba a su hijo. "Hoy, en cambio, a nadie se le ocurriría hacerlo y hasta podría considerarse una falta de respeto", coinciden las directoras.
En algunos padres, sin embargo, siguen existiendo dudas y surgen preguntas como si compartir las aulas con un estudiante con retraso madurativo puede atrasar el rendimiento individual de los otros. Son ellas quienes se encargan de explicarles que la experiencia demuestra lo contrario: "Una de las conclusiones es que todos los prejuicios de los adultos caen cuando se convive con quien es diferente durante la infancia, y que la calidad académica no implica ser mejores, sino dejar aflorar el potencial de cada uno y apoyar las debilidades", dice Plotquin.
Ponen el ejemplo de Iván Davidovich, que por su parálisis cerebral se hubiera visto obligado a cursar toda su vida en una escuela especial. Sin embargo, hizo jardín y primaria allí, y hoy cursa el secundario en la escuela Ort junto a su mejor amigo desde la primaria.
Para conocer más ingresar a www.grupoart24.org.

lunes, 6 de octubre de 2014

Ciudad Pos-industrial / Grace lee Boggs

GRACE LEE BOGGS
ACTIVISTA DEL BLACK POWER
"En Detroit seremos la primera ciudad post-industrial"
Detroit celebrará este mes la conferencia Nuevo Trabajo-Nueva Cultura, las primeras jornadas dedicadas a repensar la economia y la cultura en Estados Unidos. Para entender el cambio que está sucediendo en Detroit y en norte-america hemos hablado con la histórica activista Grace Lee Boggs. Esta entrevista fue previamente publicada en Zazpika.
Detroit | @webDOCC
05/10/14 · 17:27
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Grace Lee Boggs. / LEELEE FILMS
Grace Lee Boggs tiene casi 100 años y su pensamiento humanista vigoriza la devastada ciudad de Detroit (norte de Estados Unidos). Si la conocida como Motor City se convirtió en el símbolo del "sueño americano", hoy sus inmensos terrenos parecen un escenario de posguerra: gigantescas calles vacías, solares abandonados y abundante pobreza. Con el documental American Revolutionary. The evolution of Grace Lee Boggs y su libro The Next American Revolution: Sustainable Activism for the Twenty-First Century muchos norteamericanos han descubierto la visión y las esperanzas de esta mujer chino-americana.Luchadora por los derechos civiles en los Estados Unidos y tenaz activista del Black Power, Grace Lee Boggs se ha convertido en una figura legendaria: una sabia anciana que ve en las impresoras 3D y en los huertos urbanos la posibilidad de (r)evolucionar la sociedad.
Usted dice que se alegra de vivir en Detroit y de poder constatar cada día cómo los gigantes "también caen".
Sí, (sonríe). Creo que debemos pensar en perspectiva de siglos. ¿Qué sabes tú de la transición que hubo del Paleolítico al Neolítico?
Creo que muy poco...
En el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico pasamos de la caza a la agricultura. Fue en ese milenio, antes de Cristo, cuando aparecieron todas las religiones, cada una con su propia "regla de oro". Esto sucedió porque la gente empezó a relacionarse de formas muy diferentes. Hoy tenemos que pensar en estos términos. El cambio que tenemos delante es como esa transición del Paleolítico al Neolítico. Tenemos que pensar de una forma mucho más antropológica y muchísimo más amplia.
"Después de la Segunda Guerra Mundial y con la globalización, los Estados-nación perdieron su papel"
¿Y piensa usted que en Detroit están metidos de lleno en este cambio?
Creo que sí. En los últimos doscientos años el ideal de vida ha sido el de la vida en la ciudad, pero este modelo nos lleva a nuestra propia extinción. La gente que seguimos habitando en Detroit estamos re-imaginando cómo queremos vivir. Hay gente que veía los solares abandonados como espacios vacíos y muertos y otros que los vemos como la posibilidad de colocar huertos urbanos. Somos los primeros en enfrentarnos a este nuevo estadio en la historia de la humanidad.
En su ciudad, ha transformado la que fue su casa y la de su marido James Boggs en el Boggs Center. Desde ahí trabajan la que denominan como "organización- visionaria". ¿Puede detallar este concepto en contraposición a lo que usted llama "organización-protesta"?
La organización-protesta funcionaba bien cuando el Estado-nación era fuerte. Pero ahora, da igual cuánta gente mandemos a Washington a protestar: Obama no tiene el mismo poder. El Estado-nación y los parlamentos fueron creados hace doscientos años, pero, después de la Segunda Guerra Mundial y con la globalización, los Estados-nación perdieron su papel.
¿Cómo funciona la organización-visionaria?
Cuando hay una crisis, hay gente que no se da ni cuenta, otra que reacciona y otra que ve las oportunidades que se generan y crea algo completamente nuevo. La idea de organización-visionaria surge al darnos cuenta de esto, de que las personas no son bancos de peces, no reaccionamos todas de la misma forma.
En Detroit queremos, a través de una organización visionaria, generar actividades nuevas, organizarnos para el futuro que queremos tener. ¿Los huertos urbanos crearán una nueva cultura?
Es el cambio de paradigma. Cuando se forzó a las mujeres a alejarse de la tierra y se mandó a los hombres a las fábricas hubo un cambio en el pensamiento y en la cultura. Así se generó el pensamiento cartesiano y la cultura industrial. En Estados Unidos creo que tenemos ahora esta oportunidad.
¿Podría darme más ejemplos de lo que hacen en su ciudad, además de los huertos urbanos?
Hace unos años quisieron solucionar la crisis del automóvil colocando casinos, con la promesa de generar nuevos puestos de trabajo. Nosotros nos opusimos y luego comprobamos que los casinos trajeron el dinero fácil, la droga y la criminalidad. Desde la organización-visionaria, nuestra respuesta a los casinos fue crear la Escuela de Verano, para repensar cómo queríamos vivir y trabajar. Ahora, en octubre organizaremos la primera conferencia mundial titulada “Nuevo Trabajo, Nueva Cultura”.
¿Se acabó el "sueño americano"?
En Detroit, fuimos la ciudad de los milagros industriales y ahora seremos la primera ciudad post-industrial. La televisión y la publicidad tuvieron un rol muy importante en la cultura de masas.
¿Cómo se crea el nuevo imaginario?
Creo que usar impresoras 3D cambia totalmente la forma de pensar. Ahora es la sociedad la que puede decidir lo que producimos y no al revés. Cambia todo.
¿Y las mujeres?
En la transición del feudalismo al capitalismo, empezó la persecución de las brujas, así se impidió que las mujeres participaran en esta transición. Leí hace poco que un grupo de mujeres en África hizo una casa, en un día, con una impresora 3D. El cambio cultural es enorme.
"En Chicago vi y entendí por primera vez el sufrimiento de la población negra: como personas, como seres humanos"
Aconseja a los jóvenes tomarse la filosofía más en serio.
Sí, fui muy afortunada porque fui a la Universidad durante los años 30. Imagina lo que significa eso: los años 30, todo el mundo iba loco intentando entender la crisis económica de entonces. Yo dejé mis clases y me apunté a Filosofía. No entendía la filosofía y quería hacerlo. La esencia de la filosofía son dos cuestiones: ¿qué significa ser un ser humano? y ¿qué significa saber lo que sabemos? Estas son las preguntas que constantemente nos estaremos haciendo.
En los años sesenta participó en la organización de la marcha en Detroit en la que Martin Luther King ensayó por primera vez el famoso discurso «I have a Dream». ¿Cómo se vinculó con el movimiento Black Power?
Yo he sido muy afortunada por nacer mujer y de familia china. Crecí en Nueva York, donde mi padre abrió un restaurante, y siempre se me motivó a estudiar y a leer. Conseguí entrar en la Universidad y sacar el doctorado en Filosofía, pero luego nadie quiso darme trabajo. Me discriminaban por ser mujer y tener rasgos orientales. Cuando vi a la población afroamericana luchando por sus derechos, me uní a ellos. En Chicago vi y entendí por primera vez el sufrimiento de la población negra: como personas, como seres humanos.
¿Qué cambió en usted unirse al movimiento Black Power?
Cambió mi forma de entender la vida. Al participar en las manifestaciones y acciones y ver la fuerza de las masas pensé: "Si esto es lo que pueden conseguir las acciones masivas, esto es lo que quiero hacer toda mi vida". Cuando ahora veo lo que hacemos en Detroit, cómo los vecinos vuelven a cuidarse, cómo los niños son escuchados... pienso, si Malcom X viera lo que estamos haciendo seguro diría: "Esto es de lo que estaba hablando".
Junto con su marido, James Boggs, escritor negro y trabajador en la automoción (fallecido en 1993), hablaban ya desde los sesenta de la próxima "revolución americana".
Llegamos a esta conclusión a causa de los disturbios en Detroit en los 70: no estábamos haciendo una revolución, se trataba del grado de enfado de la gente. Una revolución es lo que hace que evolucione la humanidad, pero es importante distinguir bien entre revolución o rebelión y disturbio. Lo difícil, nuestra lucha, es intentar evolucionar como seres humanos. Los disturbios y las rebeliones no son lo mismo.
¿Entonces tenemos que (r)evolucionar?
Ahora mismo la cultura industrial, que se creó hace 200 años después de la Revolución francesa, se ha colapsado. Los europeos han afrontado las revoluciones como oportunidades para tomar el poder y no tanto como transiciones entre culturas. Pero, no se trata de tomar el poder. Fíjate, mi abuela nació cuando Marx era un niño. Era el periodo en el que aún no estaba claro qué camino seguiría Europa y nadie imaginaba todo lo que ha ido pasando después
¿Cómo ve ahora Europa?
Os veo en peor posición que los Estados Unidos, pero mi intuición dice que estudiar las migraciones en vuestro continente puede resultar clarificador. En Detroit, nos ha ayudado mucho entender los movimientos de la población negra. No creo que la inmigración africana tenga el mismo rol en Europa, pero hay que entender cómo os están afectando los movimientos de población. Europa intenta bloquear la inmigración y las deportaciones están aumentando. El pensamiento europeo sigue estando dominado por las ideas, principalmente, de los partidos políticos en tiempos de la dominación europea. Hay que cambiar esta mentalidad. Cuando vi las fotos de los inmigrantes intentando entrar en Ceuta me quedé muy sorprendida... Allí había algo nuevo. Debéis mirar a Europa desde esta perspectiva. Un periódico puede ayudar a hacerlo: tenéis que identificar y reconocer el cambio que estamos viviendo. Así, el cambio se reconoce a sí mismo.
¿Podría dar un ejemplo?
Por ejemplo, creo que es crucial entender el papel de Wangari Maathai en Kenia. Vino a EE UU en el momento álgido del movimiento de liberación de la mujer y cuando volvió a Kenia se dio cuenta de la diferencia entre la política hecha por los hombres y, en cambio, la sabiduría de las mujeres (con la organización del agua y la madera). La doctora Maathai se dio cuenta de que toda su lucha medioambiental era parte de un todo. Era una lucha ligada a combatir el sexismo, la pobreza y la corrupción. Entender el papel y la perspectiva que ha cogido gente como Maathai puede ser muy útil para entender de qué sirven estas migraciones.
¿Necesitamos más imaginación?
Hay que distinguir entre conocimiento e imaginación. Las escuelas se han centrado en dar conocimiento,que habla de realidades pasadas. La imaginación es proyección hacia el futuro,y los próximos líderes serán aquellos y aquellas que sepan ver y crear algo nuevo.
¿Qué significa ser un ser humano?
Evolucionar. Somos el único planeta que ha tenido este tipo de vida. Y ahora nos enfrentamos al peligro de la exterminación. Tenemos que evolucionar para impedirlo.